AUTOR: ANA MARÍA MACHADO
AÑO DE PUBLICACION: 2002. EN LECTURA, ESCUELA Y CREACIÓN LITERARIA.
PAIS: MADRID
EDITORIAL: ANAYA
No. DE PAGINAS: 16 PÁGS.
La autora empieza contando, los hechos sucedidos en Montevideo cuando hizo el lanzamiento del Libro para jóvenes titulado “Uma vontade louca” dirigido a profesores, allí dio a conocer cómo nació el libro, aclarando las diferencias entre el pensamiento científico e imaginario. Enfatizó también sobre el lenguaje narrativo y el acto de escribir, especialmente en narradores adolescentes, luego, leyó un capítulo de la obra, donde uno de los participantes preguntó por los personajes del libro, pero nadie la cuestionó, aunque es una pregunta que promueve el espíritu humano y el conocimiento de la literatura.
Pues desde el punto de vista de Machado, muy pocos son los jóvenes que les gusta leer. Posteriormente, en el debate surgieron cuestionamientos por parte de los profesores quienes preguntaron sobre qué hacer para que los niños lean más, es decir hubo interés por las técnicas para motivar a los estudiantes en la lectura. La autora de esta manera cuestiona este interrogante, ya que no se trata de que los niños aprendan este proceso como modo de recetario. Además, preguntó acerca de los libros que estaban leyendo y nadie contestó la pregunta, lo que devela que no existe lectura fecunda.
De igual manera, narra otra experiencia en Mato Grosso (Brasil) cerca de la frontera con Bolivia, en donde varias docentes rurales asistieron a un curso por alcaldía. Allí conoció a una docente con escasos estudios y formación pedagógica, era maestra de una escuela en donde tenía un grupo de cuarenta estudiantes entre los siete y los quince años, en este lugar solo había dos libros. Entonces, pidió a los estudiantes que cada uno consultara historias en la familia para luego, contarlas en el aula de clase, así cada día contaban una, la cual se comentaba, transcribía o dibujaban; armando para ello, un cuaderno especial donde recolectaban dichas historias, uno de almas, y otro relacionado al folclore, indios o animales. Estos libros aunque no son literatura, se constituyen en fuentes de literatura oral.
Pero al comparar, el grupo de estudiantes de los dos docentes en mención, indudablemente hay gran diferencia entre ellos; por un lado, los educandos del primer docente leen por obligación, para luego dar respuesta a una serie de preguntas verificando comprensión, pues no la ven como agradable e importante. Por otro, los estudiantes de la segunda docente, de manera implícita desarrollaron la vocación de lectores durante la vida, pues despertaron la curiosidad que poseen los libros y leerán todo lo que esté a su alcance.
Otra experiencia que explica fue cuando asistió a una mesa redonda en Barcelona, donde especialistas comentaban lo que podían hacer padres y profesores para que los estudiantes leyeran más, convirtiendo este evento en técnicas o recetas comparadas con costumbres cotidianas o hábitos de higiene. Este momento fue oportuno para Machado, quien modificó la pregunta relacionada a lo que se puede hacer para que los padres y profesores lean más; pero no recibió respuesta alguna. Lo anterior, fue fundamental para deducir que es importante el ejemplo de lectura que reciben por parte de los adultos, para que los niños lean, tal como aprendieron a realizar actividades cotidianas, hasta convertirse en cultura. Y es la familia la encargada de dar ejemplo lector, pero si ésta no asume tal compromiso, la escuela tiene la misión de formar futuros lectores. Por tanto han emprendido programas y proyectos para que los libros lleguen a la escuela.
No obstante, los esfuerzos han sido muchos y los resultados han sido pocos. Porque cuando los niños llegan a la adolescencia, pierden el impulso por leer y existe el facilismo por este proceso, abandonando así los libros. Puesto que los programas de lectura, plantean la utilidad e incentivación a los niños para leer, pero falta coordinación con los docentes, pues ellos, no dan la misma importancia ni utilidad a la lectura. De tal forma que no son ejemplo para los educandos ni tampoco portan contagio y entusiasmo por los libros. A pesar de este tipo de docentes, hay otros que con su ejemplo contribuyen a formar estudiantes lectores, porque son apasionados por los libros y por la lectura, debido a su al tipo de formación recibida. Asimismo cuestiona la formación de maestros, pues no tienen la capacidad de transmitir o legar el amor por la literatura a sus estudiantes.
Y argumenta que, los maestros recién formados llegan a la escuela sin saber qué hacer con los libros y los pequeños animales humanos. Por tanto, hay maestros que cogen a los educandos como gansos, los cogen por el pescuezo, los estancan y les hacen tragar una cantidad de comida con precaución de no alimentarlos de verdad, con el propósito de venderlos en el mercado con buena calidad. Mientras que otros, los tratan como vacas que a través de caricias, los utilizan para sólo para sacar el mejor provecho de ellos, a fin de afianzar el sistema y asegurar la continuidad del negocio y obtener ganancias, afirmando el buen funcionamiento de la granja.
La escuela, es comparada con la situación anterior, ya que se interesa por meter bastante información inútil y la evaluación utilitarista que aplica. Pese a los múltiples programas de lectura y la gran cantidad de libros que posee, logrando que los niños lean más que épocas anteriores, reduciendo el analfabetismo, pero no significa que los jóvenes y niños se animen a leer. Tal vez porque le falta fomentar la curiosidad y el ejemplo, para descubrir la lectura, y el deseo por leer por iniciativa propia. De pronto si hubiera un maestro diferente que un día cualquiera llegara al aula de clase y abre un libro, donde lee un párrafo sobre una determinada obra, esto conllevaría a despertar la curiosidad por la lectura, la cual permite crear imágenes, situaciones, ideas y personajes. A partir de escuchar la lectura, se despierta la curiosidad por los libros.
Los programas de lectura han ido poco a poco contribuyendo al estancamiento de la lectura, donde cada vez se edita más y hay multiciplidad, pero no se sabe claramente que leer, o que tipo de material se les da a los niños para leer, aumentando la literatura de consumo y evita el encuentro con la literatura. Es fundamental, dejar claro que los libros no son sinónimo de literatura, ya que hay algunos de consumo, y en ocasiones se desperdicia la lectura abordando libros instructivos y de autoayuda. En la lectura se lee para pensar, descifrar, argumentar, razonar, disentir, unir y confrontar diversa ideas. Solo la sociedad es democrática si todos acceden a la literatura. Aunque la literatura era un momento determinado para la elite social, pero que algunos individuos la descubrieron por medio de un lector o de una biblioteca.
No hay encuentro de los maestros con la literatura, y aun así deben facilitarlo entre jóvenes y literatura. Pero cuando se trata de libros para niños, el docente debe hojearlos y hablar con entusiasmo de los que le llaman la atención; en el caso de los libros para jóvenes debe tener la capacidad de elegirlos, discerniendo cuales son buenos o malos, si caer en el facilismo de lectura de textos publicitarios. Es por ello primordial, descubrir estrategias que le permitan al docente entrar en el mundo de la literatura de manera atractiva, que a su vez le despierten pasión por la lectura, y la literatura. La autora además, narra que asistió a una conferencia en la universidad donde solo leía poemas, fragmentos de novelas, cuentos y los profesores no los conocía, al terminar ellos quedaron fascinados. Cuando se descubre un libro, los autores dan a conocer su alma y se convierten en discípulos de la literatura, capaces de transmitir cosas nuevas.
este texto precisa los puntos álgidos de la disertación de Machado... y nos pone en una reflexión sincera a nosotros los maestros.
ResponderEliminar