Mis primeros acercamientos a la lectura, escritura y literatura
Mi niñez estuvo enmarcada en un contexto ajeno a los libros, dadas las condiciones socioeconómicas y culturales a las que pertenecen mis amados padres. Nací en un hogar humilde, numeroso y campesino en Turmequé (Boyacá), allí viví durante mucho tiempo con mis padres, hermanas, tíos, primos y abuelas, quienes a pesar de vivir un poco retirados de la casa donde residía, compartíamos constantemente alegrías, tristezas y travesuras de niños, pues, los juegos de infantes nos permitían crear mundos posibles, los fines de semana y en fechas especiales, a pesar de la adversidad. Esos amaneceres y atardeceres tranquilos, donde se escuchaba el cantar melodioso de los pajaritos, el cloquear de las gallinas, el ladrar de los perros, el sonido de las quebradas que rodean la casa y en fin toda esa mezcla de sonidos que brinda la naturaleza, servían para imaginar situaciones diferentes a las que se vivenciaban en mi dulce hogar.
Este contexto, fue favorable para aprender la lectura de la manera más agradable y sencilla, puesto que de los disgustos de mis padres, aprendí a interpretar las dificultades de los adultos cuando se carece de recursos y se tiene una familia numerosa, de las peleas con mis hermanas a pesar de mi corta edad interpretaba las diferencias existentes entre unas y otras, o simplemente la responsabilidad que teníamos que afrontar las mayores para criar a las menores. Pero, de los juegos entre primos y hermanas, resultaba ser una situación interesante cuando cada uno asumía un rol para caracterizar diferentes profesiones, donde la más común era ser “profesor” y estudiantes; en ese momento nos daban cuadernos viejos pues aunque no sabía escribir, hacía garabatos para hacerme entender, los cuales eran corregidos por mis hermanas preguntándome por lo que había escrito.
Así transcurrieron los días de mi infancia, donde no se tenía ningún acercamiento a los libros en forma física, ni tampoco a los cuadernos, ya que mis hermanas mayores eran quienes podían contar con ese tipo de material. Entonces, surgió la idea de utilizar los tizones de los palo para dibujar en las paredes de la casa pintadas con cal, en ese lugar rayaba, hacía figuras deformes asegurando haber dibujado mi familia con palos y bolas, o los diferentes elementos de la naturaleza que observaba a mi alrededor. Ese era el tablero con el cual contaba para escribir. Igualmente, cantábamos rondas tradicionales como Arroz con leche, el lobo, entre otras.
No obstante, estas aventuras de estudiante inexperta estaban acompañadas de cuentos narrados por mi abuelita o por mis padres en las noches, era frecuente escuchar de mi abuelita la casita de chocolate, (cuento llamado Hansel y Gretel), en ese instante, tal vez por la manera que era contado daba la posibilidad de imaginar cada escena escuchada hasta el punto de hacerla creíble, pues aunque mi abuelita no sabía que dicho cuento existía escrito en realidad, ella lo contaba porque era costumbre transmitir cuentos en forma oral. Asimismo, pasajes bíblicos que trataban sobre Sansón, David y Goliat, Daniel y el león, las Parábolas, entre otros, eran las historias preferidas por mis padres como fieles creyentes, ellos recreaban dichos pasajes con veracidad y respeto hacia el Creador, aunque no se contaba con la biblia en ese momento en casa, se encargaban de narrar los pasajes. Así esas historias contribuían a fomentar el gusto por la lectura, aunque no se tenían libros.
Mi padre, además quien a pesar de no contar con estudios avanzados, únicamente había realizado el grado primero de primaria, había aprendido a leer y escribir, estos procesos también tenía por costumbre enseñarlos a sus hijas antes de llevarlas a la escuela; por eso vio la necesidad de ejecutar la misma tarea conmigo. Recuerdo de manera muy grata, la forma como me enseñó a escribir las vocales y las letras que comúnmente se aprenden con método tradicional, en el primer cuaderno que me compró y un lápiz que muy pronto perdí, entonces el tizón se convirtió en ese gran apoyo para esa tarea tan compleja.
Él se llenaba de paciencia para ensenarme cada vocal, por tanto tomaba mis manos para realizar los trazos de las vocales, para luego realizar planas completas acompañadas de dibujos, hechos por mi padre, esa tarea la repetía de manera frecuente hasta que la aprendí de memoria. Luego para ensenarme las consonantes m, p, s, n, l, t y demás letras, empleó el mismo método, pero para lograr tal fin compró la cartilla “Nacho”, durante las noches leía y luego me hacía repetir las palabras y oraciones que aparecían en ese texto, de tal forma que así aprendí a leer y a escribir con todas las letras del abecedario. De tal manera que aprendí a escribir de la forma más amena, pero faltaba por fortalecer ese proceso. Este fue el proceso que recibí para aprender a leer y a escribir, llegando a la escuela sabiendo estos procesos, porque la meta de mis padres era que sus hijas no debían sufrir los que ellos habían vivido en el contexto escolar debido a la violencia generada por los docentes, debido a la dificultad que se presentaba en estos contextos.
Llegó la hora de ingresar a la escuela. Estaba muy contenta de saber que iba a aprender nuevos conocimientos, a disfrutar de otro ambiente rodeado de compañeros y una docente cariñosa con sus pupilos, porque mi anhelo desde temprana edad fue estudiar. Así ingresé a la escuela del pueblo, a hora y media de mi dulce hogar, llena de expectativas y muy alegre de estrenar maleta, cuadernos y uniforme. Era muy feliz en ese entonces. Al inicio todo fue muy agradable por las rondas que aprendía, recuerdo las rondas que me enseñaban El puente está quebrado, juguemos en el bosque, tengo una muñeca y canciones como El barquito chiquitico, debajo de un botón, ton que encontró Martín tin había un ratón ton hay que chiquitín, fueron rondas y canciones que todavía tengo presente en la memoria.
Rosa Elvira era la docente de Grado Primero Primaria, una mujer con carácter fuerte y muy estricta para enseñar a leer y a escribir, quien aplicaba la regla de oro para la época “la letra con sangre entra”, porque al momento de enseñar estos procesos no permitía equivocaciones por parte del lector y escritor, de alguna manera tenia ventaja porque ya conocía las letras y las sabía leer y escribir en palabras y oraciones sencillas. Sin embargo fallaba la memoria porque en algunas ocasiones se me olvidaba debido a los castigos que sometía a mis compañeros, llenándome de nervios y no podía hablar del terror generado por ella. Pero tenía una ventaja al respecto, porque la carilla era misma con la que mi padre me había enseñado a leer y las palabras me las sabía de memoria, y por eso muy pocas veces fui castigada.
Así, Rosa Elvira acompañó de esta manera el fortalecimiento de la lectura y la escritura durante toda la primaria, a ella no le gustaba pedir libros teniendo en cuenta las condiciones económicas de los estudiantes, sino que empleaba los cuentos y libros de la biblioteca del salón para las clases. Tenía por hábito entregar un cuento a cada estudiante, quien debía pasar frente al tablero y leer de manera correcta haciendo la respectiva entonación y pausas según el texto lo indicara, o hacía la respectiva demostración para luego, ser imitada por el pupilo.
Además, enfatizaba en la buena letra y ortografía al momento de inventar un cuento o cualquier historia, la cual era escrita y después, se leía ante el grupo haciendo las correcciones pertinentes. De esta manera, los recursos valiosos con los que contaba para la lectura y la escritura, eran mis cuadernos, en donde me gustaba repasar lo que se aprendía en clase, porque en mi casa no se tenían ningún tipo de textos.
Con gran ilusión terminé el grado Quinto, y soñaba con iniciar el bachillerato mis sueños quedaron frustrados, al saber que mis padres no tenían los recursos de brindarme la educación secundaria, pues mis hermanas mayores estaban estudiando y debía esperar, con el compromiso de demostrar que en verdad me gustaba estudiar. Entonces esperé un año, tiempo en el que trabajé duro, aprovechando este lapso para leer los cuadernos de las mayores, específicamente los de Español y Sociales, pero también escribía cuentos cortos en cuadernos usados de hojas amarillas, aunque no muy entendibles. Por fin llegó tan anhelado día.
Después de estar un año lejos del aula de clase, inicié con gran entusiasmo a estudiar en La Escuela Normal del Pueblo en la cual terminé el bachillerato. Rafael de Biología, Jairo de Pedagogía, Francisca de Sociales y Filosofía, Deyanira de Sistemas, Rosa María de Español, Cecilia de Inglés, fueron algunos de los docentes que acompañaron este proceso para fortalecer la lectura y escritura. Mi primer y único libro, español sin fronteras 6, tenía textos resumidos y llamativos para leer. Así empecé a leer El Popol Vuh que ayudó a comprender el origen del mundo interpretado desde el punto de la cultura azteca, El Principito De Saint Exupery daba la posibilidad de imaginar otros mundos posibles con amor y entrega a los verdaderos amigos, también El relato de un náufrago de García Márquez, donde mostraba la importancia de una persona quien se convierte en héroe pasajero para una sociedad después de haber sobrevivido en el mar durante un tiempo sin comer hasta que logró encontrar tierra firme, héroe que con el tiempo se olvida.
Luego, leí Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, La María de Jorge Isaacs, obra llena de romanticismo y dolor, La Vorágine , Después empezará la madrugada con la que comprendí la violencia que vivía nuestro país en lugares ajenos al lugar donde vivía y el sufrimiento de estas personas quienes se veían abocadas a experimentar la crueldad del conflicto. Igualmente, Cien años de soledad de García Márquez, en la que muestra el papel de la mujer desde la formación de las primeras sociedades en Macondo, como subyugada y sometida ante su esposo y la sociedad, además del conflicto por el poder político y militar de dicho pueblo.
Además, El Túnel de Ernesto Sábato, La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa, otro texto fue Martin Fierro de José Hernández, en la que narra la vida de un gaucho reclutado por el ejército es sometido a toda clase de atropellos y privaciones, luego de escapar encuentra con sorpresa que fue arrebatada su familia y bienes, lo que motiva a vengar esa situación, entregándose por completo a la bebida logrando sublevar a todos los soldados que deciden huir , siendo perseguido por las autoridades encontrando refugio en los indios. Don Quijote de la Mancha de Cervantes, La celestina , que relata el amor imposible entre Calixto y Melibea, historia que me hacía llorar porque era fiel creyente en el amor.
De igual manera, poemas de Jorge Luis Borges, Gabriela Mistral, José Martí estuvieron acompañando el cuestionamiento hacia la vida, y con sus letras daban respuestas a mi frecuente decepción de vivir. Todos estos libros y poemas que recuerdo contribuyeron para que desarrollara el gusto por la lectura y escritura de textos. Puesto que la docente se caracterizaba por saber de memoria la trama de cada una de las historias y exigía que los estudiantes hicieran sus propias producciones de poesías y textos literarios.
Por otra parte, libros como la República de Platón y la Ética a Nicómaco de Sócrates, aunque muy complejos para entender, estuvieron presentes en la formación de procesos antes mencionados. Asimismo, poesías y canciones en inglés ayudaron a fortalecerlos, pues siempre participé en producciones de poesías siendo publicadas en el mural del colegio, dedicadas a Dios, al amor y a la vida. En momentos de sentimentalismo, aprovechaba para escribir poemas o historias deseando cambiar el rumbo de la vida y de la sociedad, en cuadernos viejos, los cuales quería como el más grande tesoro y los coleccionaba en el transcurso de los años. Así inicié a formar la biblioteca con los pocos libros que leía en los diferentes grados de secundaria, finalizando el bachillerato tenía una colección de siete libros porque por diversas circunstancias no los pude comprar.
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